Caciques piden que vacunen a las comunidades indígenas

Las comunidades indígenas de toda América del Sur están experimentando un mayor número de casos y muertes por COVID-19. El acceso a los servicios de salud es un desafío para los pueblos indígenas. Lo es para quienes viven en áreas urbanas y también para quienes viven en asentamientos remotos.
La OPS (Organización Panamericana de la Salud) ha pedido a los gobiernos que implementen medidas que frenen la propagación de la pandemia en estas comunidades vulnerables incluyendo más trabajadores de la salud, suministros médicos, pruebas de COVID-19 y vacunas y tratamientos a medida que éstos estén disponibles. 
¿Y en Salta cuándo van a vacunar a las comunidades indígenas?

Esa es la pregunta que se hacen los caciques de uno de sectores más vulnerables de la provincia y que aún no figuran en la agenda de las autoridades sanitarias ni mediáticas.
Desde la ruta 86, cercana a la ciudad de Tartagal, en el norte provincial, los referentes indígenas esperan ser el turno para las vacunas. Hablamos de comunidades que no tienen el servicio de agua potable, no pueden tener un aislamiento que recomiendan las autoridades sanitarias ni mucho menos a servicios de salud recomendable ni medicamentos. Son los que más expuestos para la denominada “segunda ola”.
En realidad nunca pudo aplicarse las medidas de ASPO y muchos tenían miedo de asistir al hospital de Tartagal por miedo a los contagios.
También le temen a las vacunas. “Tanto se habló mal de las vacunas en los canales de televisión y en las redes sociales que los hermanos y hermanas tienen miedo de vacunarse”, dijo Nancy López, cacica de la comunidad Mi Troja.
La mujer vive en el paraje Ahajuk (mistol), unos 4 kilómetros al este de la ciudad de Tartagal y explica lo difícil que ve el panorama.
“Nosotros siempre pedimos respetar la decisión de los indígenas en todo. Pero este es este caso de la pandemia es un tema especial. Muchos han sido muy influenciados y no quieren vacunarse por las noticias. Entonces el día que se propongan hacer un operativo de vacunación en el territorio va a tener que ser bien pensado. A mi modo de ver es necesaria la vacuna en las comunidades porque estamos muy vulnerables. A las autoridades sanitarias le pedimos un trabajo a conciencia porque necesitamos crear conciencia entre la gente sobre la necesidad de la vacuna. Tienen que haber todo un trabajo previo en el territorio para la vacunación”, dijo la cacica López.


Esas comunidades indígenas de la ruta nacional 86 decidieron desistir del hospital Juan Domingo Perón de la ciudad de Tartagal. “Nosotros estamos enfrentando a una pandemia sabiendo que el hospital colapsó. No hay médicos, no hay enfermeros. Es por eso que salimos a buscar miel y yuyo del monte que calman la tos y la fiebre. Estamos acudiendo a lo que conocemos”, dijo Nancy López en agosto del año pasado y la situación sigue siendo la misma. 
Lo concreto es que los referentes aún no fueron comunicados sobre ningún operativo. 
“No sabemos nada de vacuna aún”, dijo Modesto Rojas, que es cacique del Km 5, comunidad Fwolit Lantawos y coordinador del asociación AIRA de República Argentina.
“Los caciques tenemos comunicación directa con el ministro (Juan José) Esteban y todavía no nos avisó nada. Tampoco sabemos si es malo o bueno el tema de la vacunación. Muchos no se quieren inmunizar porque acá no hubo casos de coronavirus; y si los hubo nos curamos con remedios del monte”, dijo Rojas.
Lo que quiere decir el cacique con ironía textual es que no hubo caso porque nunca se los registraron.
“Acá no hubo testeos ni hisopados ni se contaban los muertos. Sabemos que un pastor de La Mora o Benancio Rivero, del Km 6, fueron personas que fallecieron teniendo los síntomas”, dijo Rojas explicando de alguna forma la prescindencia del sistema sanitario del Estado argentino.

 

“Establecer prioridades”

“No hay casos de coronavirus porque no hay registros”, dijo la cacica Nancy López. “No sabemos cuántos enfermos ni muertos tenemos en las comunidades de la ruta nacional 86. Yo anduve recorriendo y buscando a personas con síntomas y tengo a unos 80 enfermos hasta fines del 2020”, dijo Nancy López. El relato que nos cuenta Nancy es el mismo que se oculta en la historia oficial desde la creación de Estado argentino.
“Cuando estuvimos enfermos salimos a buscar miel y yuyo del monte que calman la tos y la fiebre. Acudimos a nuestra medicina ancestral, pero necesitamos la vacuna porque no tenemos las condiciones mínimas de higiene, no tenemos agua y no tenemos alimentos. Acá no se pueden aplicar las mismas políticas sanitarias que otras zonas. Necesitamos que el personal sanitario venga al territorio, recorra y vea las condiciones para establecer las prioridades y cómo será mejor un operativo de vacunación”, explicó López.
 

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