Ya hablan de la tercera ola y todo sigue igual en la frontera con Bolivia

Una luz en la noche en la orilla del río Bermejo. Un punto luminoso corta el agua en medio de la enmarañada vegetación perenne entre Aguas Blancas y Bermejo. Los gritos perdidos en esa inmensa oscuridad indican que hay gente cruzando la frontera. Fuera de todo prejuicio, es gente que trabaja durante el día y la noche también. Los gomones llevan y traen mercadería y a personas también las 24 horas.

Cuando el Bermejo baja su caudal de agua bajan también los precios para el cruce. Por estos días cuesta 100 pesos argentinos para una persona cruzar a Bermejo. Del otro lado, son 5 pesos bolivianos lo que cobran para ingresar a Argentina. Sí, el efecto devaluación hizo que 100 pesos argentinos valgan 5 bolivianos. Si la lluvia del trópico sorprende y el cauce sube, el precio también. Se llegó a pagar hasta 1.000 pesos el cruce en marzo último.

Ese importe es el único requisito para ingresar a la Argentina. No hay PCR ni Aduana. Es lo mismo para ambos lados, por más que Bolivia amenace con cerrar sus fronteras y que Cancillería haya cerrado las argentinas; en el norte nadie puede cerrar nada. Los más de 5.000 bagalleros mantienen la economía en las dos márgenes y eso los gobiernos lo saben.

Las chalanas también van y vienen por 200 pesos argentinos o 10 bolivianos. Sólo que esas pequeñas embarcaciones trabajan entre las 7 y las 19. Luego los motores se apagan y comienzan los “coyotes” a trabajar con la única orientación que brindan los gritos en códigos y las luces del frente.

Hay que tener cuidado. Esos capitanes piratas conocen el río de memoria. Los fronterizos le entregan sus mercaderías y sus vidas, pero algo siempre puede fallar. El recuerdo trágico del gomón que se reventó por un tronco que traían las aguas embravecidas del Bermejo siempre está (ver nota del costado).

La gente sube y se queda quieta y sentada. Siguiendo la correntada del río los hombres que trasladan van cruzando lentamente. Uno que dirige más otros cuatro que reman son los motores del grupo de 4 ó 6 cámaras de camiones infladas unidas con una precaria estructura de madera.

Noche peligrosa

Por las noches son pocos los que se animan a trabajar, pero lo mismo hay indicios de movimiento. Los gritos en clave y las linternas orientan a los navegantes. También están los hombres audaces que cruzan la coca, la de coquear. Juntan muchos paquetes de la hoja verde, tanta cantidad como para que el paquete sostenga en su flotabilidad al hombre. 

El pasador ingresa con muy poca ropa en el agua guiando a su cargamento hasta que casi no hace pie, en ese momento se monta sobre su carga y comienza la aventura de cruzar. La corriente y sus brazos con sus piernas hacen el trabajo. Las cámaras no los pueden ver porque cruzan muchos durante la oscuridad. Al ras de la noche y del nivel del agua, los hombres de los gomones y de las chalanas van buscando, como si fueran icebergs, a los silenciosos y solitarios pasadores de coca.

Del otro lado

De noche y con pandemia la frontera sigue viva. Y por más que las autoridades del Comité Sanitario de Bermejo pidan el cierre total de los puertos, los gomones, chalanas y coqueros lo mismo seguirán trabajando.

En Bolivia ya están hablando de la tercera ola de COVID-19 y su Gobierno ya advirtió, durante la semana pasada, que podría cerrar “todas las fronteras necesarias” para evitar la entrada y propagación de las nuevas variantes del coronavirus. El país andino experimenta un aumento de contagios debido a la mutación británica del virus que ya circula en varios departamentos del vecino país.

Sin embargo, esos anuncios no preocupan a los pasadores de la frontera “más caliente” de Sudamérica. “Si Gendarmería o los del Comité quieren cerrar a la fuerza lo mismo vamos a pasar. Más arriba o más abajo (del río Bermejo) de donde estamos ahora, lo mismo vamos a seguir trabajando”, dijo un pasador de gomón.

“Cuanto más rigurosos son los controles es más caro el paso en gomones. Y el paso hormiga de ida y de vuelta es incesante. Para tener una idea calculamos que hay unos 30 gomones trabajando”, dijo el periodista boliviano Omar Murillo, de Radio Líder Bermejo.

Este fin de semana todos los Servicios Departamentales de Salud (Sedes) alertaron sobre la tercera ola de la pandemia y consideraron que “no están preparados” para hacer frente a esta nueva oleada, que se prevé alcanzará los picos más altos entre mayo y junio, y será más letal por los casos que se vienen registrando. Desde que asumió, el nuevo presidente Luis Arce Catacora impulsó medidas contra la pandemia como mantener suspendidas las clases presenciales en todo el sistema educativo, un estricto protocolo de bioseguridad en los edificios y transportes públicos, control horarios de atención de centros comerciales, eventos sociales, deportivos y culturales, bares y discotecas. El Decreto Supremo, que vence el próximo 30 de abril, también exige controlar epidemiológicamente los ingresos y egresos de Bolivia. Argentina decidió mantener todas la fronteras cerradas desde el pasado 29 de marzo.

Mientras tanto, en la frontera entre Bermejo y Aguas Blancas sigue el intercambio fluido de mercaderías y personas. Habrá que buscar una solución alternativa a la particularidad de esa frontera.

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