La situación del país se torna cada día más grave, asistimos al desguace de la Nación a tal punto que se ha llegado al absurdo de proponer el "MendoExit" (un secesionismo imaginado por el exgobernador Alfredo Cornejo) para segregar a la provincia de Mendoza del resto del país.

La pretensión mendocina se podría apreciar como el resultado en un grado de máxima de la aplicación como política de Estado del axioma "Divide et impera" que ha dejado el saldo de amigos alejados y familias divididas por razones políticas.

Junto a esta realidad, se ha operado el vaciamiento de los partidos políticos reducidos a sellos operados por cúpulas que los utilizan en favor de sus propios intereses.

La pandemia, que llegó para quedarse, no solo contribuye a profundizar estos distanciamientos, sino que impone nuevos modos de vida, de trabajo y de afectividades incluso.

La hora impone un esfuerzo para reconstituir el tejido social y político en una decisión urgente de convocar a un trabajo común y tomando lo mejor de cada una de las expresiones políticas mayoritarias.

Esta tarea asume el grado de desafío ante el peligro de un agravamiento de la cuestión social que pueda resultar en expresiones violentas.

¿Qué hacer?

Es momento de pensar en una síntesis política, generando un pensamiento que se nutra de los mejores valores del radicalismo y del peronismo.

La Unión Cívica Radical echó las bases de la conciencia republicana y a su vez, ¿quién puede cuestionar el gran avance social que significó el peronismo?

Luego, es tiempo de comulgar en un acuerdo político donde rescatemos el valor del sufragio por el que los radicales llegaron a las armas en 1890 y recuperar para la ciudadanía el valor del voto que ha perdido su sentido de potencia de cambio y yace convertido en un mero trámite que ejecutan los ciudadanos. Así son los funcionarios que luego ocupan los cargos públicos.

Del peronismo hay que poner en valor el concepto de comunidad organizada y devolverle vigencia a los principios de la justicia social. En esta comunidad de ideales generar una pedagogía para devolverle al país, a la provincia y a cada municipio la idea de unidad nacional.

¿Una utopía? Probablemente, igual que fueron en su momento los valores cívicos del radicalismo cuando imperaba el "Régimen falaz y descreído", o cuando hablar de la dignidad del trabajador era motivo de persecución y exilio.

Un desafío los hombres

Por eso, más una utopía, esto es un llamado y un desafío a los hombres y mujeres de buena voluntad, que sientan la necesidad de heredar para la descendencia una sociedad más armónica, menos corrupta y algo más solidaria.

Si no hacemos este esfuerzo, habremos perdido no sólo la oportunidad de frenar la velocidad de esta caída libre en que van la ética y la moral pública, sino que además habremos hipotecado el futuro de nuestros venideros.

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