El Ragone: deterioro extremo y el  plan de transición para cerrarlo

Una fuerte repercusión tuvo el informe que publicó ayer El Tribuno sobre las condiciones del hospital Miguel Ragone. Ayer este medio recorrió las instalaciones y pudo constatar las falencias que denunciaron los trabajadores del nosocomio a través de una carta pública.

El sector de los varones es el más viejo y castigado por la humedad y el tiempo. "Se trata de un área que tiene 70 años", dijeron allí. La falta de agua, algunos techos rotos y las paredes descascaradas le dan un aspecto más triste al, ya triste, mundo de la salud mental. La desinversión es histórica.

Tras el recorrido, El Tribuno dialogó con el ministro de Salud de la Provincia, Juan José Esteban. El funcionario expuso los detalles de las obras que se están realizando en el nosocomio ubicado en barrio Las Rosas.

"Todo lo que ustedes vieron hoy yo ya lo vi el año pasado, cuando realizamos el primer recorrido de mi gestión y luego de sancionarse la ley de desmanicomialización. Desde ese momento comenzamos las gestiones para mejorar el edificio y hablamos con Sergio Camacho, ministro de Infraestructura, y con Obras Públicas. Rápidamente comenzaron a dar opciones para iniciar las mejoras. Al final del año pasado logramos meter en el presupuesto los 79 millones de pesos para las refacciones de infraestructura en electricidad y conexiones de agua. También nos comunicamos con Wanny Caramella, de Aguas del Norte, y ya tenemos la autorización para el pozo de agua propio. Todo eso sigue un proceso administrativo que está en marcha, y lo tenemos todo documentado", afirmó Esteban.

"A pesar de todas las obras y refacciones que estamos haciendo, el hospital Ragone se tiene que cerrar. A partir de la aplicación de la Ley 26.657, tenemos que armar el dispositivo sanitario para las nuevas concepciones de salud mental. Estamos entonces en un período de transición", aseveró el ministro.

El lugar

En el recorrido que realizó el equipo de El Tribuno se pudo vivir las diversas sensaciones de entrar a un edificio de otro tiempo, de otras concepciones, sobre el encierro como lógica de cura de la salud mental; a un espacio con otros paradigmas. Se entiende que todo el contexto empeora las cosas más, para los internados y para quienes trabajan allí. Barracas con paredes húmedas y frías, los techos de las galerías que se van descortezando como árboles viejos, cañerías rotas, rejas y más rejas, baños que dan angustia; todo un ambiente estremecedor.

En ese espacio de 1.550 metros cuadrados no hay personal de seguridad, solo dos mujeres controlan los egresos e ingresos del predio. Hay al menos 200 trabajadores entre enfermeros, psiquiatras, psicólogos, personal de mantenimiento y administrativos. La administración y los consultorios externos están en el ingreso y en general están en buenas condiciones. Luego hay otro portón donde están los sectores de varones y mujeres, todo está separado por rejas. El depósito de comida, la cocina y el comedor tienen ese aspecto sombrío de edificio viejo sin curar. Completa el predio el salón de actos que se usa como SUM.

Ayer hubo una seguidilla interminable de trabajadores de prensa que llegaron para buscar información ante el informe de El Tribuno. Fue como si la carta de los trabajadores desnaturalizó las condiciones laborales y sanitarias del Ragone, que llevan años y años de la misma forma.

El más grave problema que tienen es con la cantidad de pacientes. Y en eso Esteban explica: "Ya hablé con la presidenta de la Corte de Justicia de Salta (Teresa Ovejero) en un audiencia que tuvimos por el tema de los inimputables. Teníamos un acuerdo solo por 16 y ahora tenemos más de 30 designados por la Justicia. Además tenemos a todas las personas de la tercera edad que son abandonadas y que las traen al Ragone. Hay una sobrepoblación que nos complica mucho", dijo el ministro.

"Estamos en un período de transición en donde estamos trabajando por un lado para reparar el edificio, pero también para comenzar a trabajar de manera articulada con Cerrillos y San Lorenzo. Estamos armando todo el sistema sanitario para que el Ragone finalmente se cierre", concluyó.

El planteo de agentes

Según describieron los trabajadores del Ragone en una carta pública, los techos “se caen”, las paredes están húmedas, sale agua por los ventiladores de techo, los pisos están rotos, los patios no tienen iluminación, las conexiones eléctricas son precarias y las cañerías están obsoletas.
Además, denunciaron que desde hace más de un año en el Ragone no hay agua corriente y va un camión cisterna de 2 a 3 veces por día. Las enfermeras deben usar ollas o pavas eléctricas para bañar a los pacientes internados. Según enumeraron, las instalaciones eléctricas son precarias, no tienen un baño para uso profesional y los calefactores que hay son viejos o están en mal estado. 
 

 

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