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Joven madre teme por su vida, la Justicia quiere liberar a su agresor

El 9 de marzo un milagro quiso que Katherina Janco siguiera con vida. Se defendió de puñaladas, terminó con sus manos cortadas y un tajo en la cara. 
Domingo, 02 de julio de 2023 02:51

Luego de cuatro violentos años de noviazgo y convivir en una atmósfera de tirantez constante, la joven madre Katherina Janco no para de sufrir y temer por su vida y la de su familia. El 9 de marzo pasado se salvó de un feroz ataque en manos de su expareja, Gustavo Alejandro Anagua (21), quien intentó matarla con un cuchillo en dos oportunidades. Desde entonces el agresor está detenido y quienes lo defienden no paran de presentar cauciones para que reciba la prisión preventiva o el arresto domiciliario, entre otras medidas.

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Luego de cuatro violentos años de noviazgo y convivir en una atmósfera de tirantez constante, la joven madre Katherina Janco no para de sufrir y temer por su vida y la de su familia. El 9 de marzo pasado se salvó de un feroz ataque en manos de su expareja, Gustavo Alejandro Anagua (21), quien intentó matarla con un cuchillo en dos oportunidades. Desde entonces el agresor está detenido y quienes lo defienden no paran de presentar cauciones para que reciba la prisión preventiva o el arresto domiciliario, entre otras medidas.

Como si el haber estado al borde de la muerte no hubiera sido suficiente, lo que viene atravesando la víctima es una auténtica odisea procesal. En cuatro oportunidades los distintos defensores que tuvo el agresor solicitaron el beneficio para sacarlo de la Alcaidía, incluso apelando lo resuelto por el Juzgado de Garantías 4, a cargo de Rodríguez Pipino. Sin embargo, el fiscal Leandro Flores y la abogada querellante, Débora Ramírez lograron sentar los fundamentos necesarios para que un hecho tan grave como un intento de femicidio no deje al acusado en libertad.

Se trata de una causa que nació con desatinos judiciales, dado que la carátula inicial expuesta incluso por una fiscal de Violencia de Género era, increíblemente, "lesiones leves". Luego la causa llegó a manos del GAP 4 donde se amplió la imputación para "homicidio doblemente agravado por la relación de pareja preexistente y por mediar violencia de género en grado de tentativa".

  Se defendió como pudo y salvó su vida.

A eso se le suma el destrato que la víctima tiene no solo con la familia del agresor, quienes según la mujer fue amenazada en más de una oportunidad, sino también por parte del Juzgado de Garantías interviniente. "Parecería ser que el juez quiere a toda costa darle algún beneficio a ese tipo, al hombre que intentó matarme. No entiendo por qué", apuntó Katherina en diálogo con El Tribuno.

En ese periplo la causa ingresó en el Plan Piloto de Oralidad implementado este año en la Justicia salteña, donde la víctima experimentó pro y contras. Al horror que tuvo que soportar tras salvarse de milagro, en el camino a un inminente juicio la joven madre fue expuesta en más de una oportunidad a tener que estar junto a la familia del agresor, quienes también la amenazan y la acusan de inventar todo.

"En una de las audiencias estuve afuera de la sala junto a esa familia que no dejaba de amenazar y decirme cosas, fue horrible", contó la víctima. Sin embargo, en el contexto del mencionado plan, y rescatando lo positivo, la joven pudo expresar su verdad ante el juez, y lo que es más importante, al tratarse de una audiencia oral la abogada querellante junto al fiscal lograron que no aceptaran el beneficio de la domiciliaria o la prisión preventiva al quedar en evidencia que la familia del imputado había mentido acerca de la caución personal -una tía del acusado no recordaba el domicilio del inmueble donde debía contener y cuidar al mismo-.

El milagro tras el horror

Desde septiembre último la víctima había cortado la relación con Alejandro Anagua, decisión que él no estaba dispuesto a aceptar. "El 9 de marzo me fue a buscar y engañada me llevó a un lugar en la Costanera. Andaba molesto porque yo no quería volver".

  Cortes en las manos, tras el intento de femicidio.

"Me bajó de la moto agarrándome del cuello, me tiró al piso y comenzó a pegarme piñas. Sacó un cuchillo e intentó matarme, me defendía poniendo las manos, intentaba darme en el cuello. Gritaba pidiendo auxilio y él escuchó gente y ahí aproveché para salir corriendo, pero me alcanzó y volvió a tirarme y me cortó la cara", recordó la joven.

El lugar era como un callejón, "la gente se metió, logro escapar y refugiarme con una señora. Él intentó darse a la fuga en la moto pero la gente lo retuvo". La férrea defensa de la mujer y la intervención de vecinos hizo que Salta no sumara en su triste e indignante lista un nuevo femicidio.

 

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