Hoy la ciudad tiene cuatro lugares bien definidos, sin dejar de lado pequeños emprendimientos personales que plantean alternativas durante el año. El Tribuno recorrió esos espacios para conocer las actividades que los sostienen y las propuestas para la gente que no está en el ambiente, pero que aprecia el arte y busca atesorarlo.

Galería Mamoré

En el barrio Tres Cerritos, Los Carolinos 407, Juan Blanco se animó a abrir esta galería de arte en 2006. “Tengo un taller de marquería de cuadros, y a partir de allí surgió la idea. Los vínculos con artistas y clientes fueron un motor para lanzarnos en este proyecto, al que no lo pensamos como un negocio, sino como una inversión a largo plazo, pero fundamentalmente por amor al arte”, dice.

Y la decisión fue acertada, porque para la familia Blanco arriesgar en este proyecto le trajo buenos resultados. “Nos suma desde lo social. Nos posicionó dentro del ambiente y abrió la posibilidad de ver mucho arte al que no siempre se accede. La relación que tengo con la obra es real, no monetaria”, explica Juan.

Mamoré ofrece su sala a todo tipo de muestras, aunque tiene una jerarquía más fuerte en lo contemporáneo. Han expuesto tanto artistas consagrados como principiantes, y en el grupo de quienes están surgiendo la variedad es interminable. “En el taller veo de todo y el límite para elegir lo que exponemos es la estética. Convivo todo un mes con la muestra y eso me define: tiene que haber una relación armónica con ella”, responde ante la pregunta de los parámetros de elección de lo que se expone. Y remarca que lo importante es dar impulso a los artistas salteños, sin dejar de lado al resto”.

En El Palacio

Otro emprendimiento que apostó es El kiosko de arte, de Javier Farfán. Comenzó hace once años con una página en Internet, que aún conserva (artesalta.com), donde hay exposiciones individuales o grupales.

“El Kiosko salió en noviembre de 2008. La idea era abrir un espacio para ventas de fin de año con obras de artistas salteños. Los periodos de venta se fueron extendiendo y se consolidó como negocio”, explica. Es un espacio de arte que entremezcla la actividad artística, ya sea con pinturas, libros u objetos diversos. Los viejos artistas están junto a nuevos talentos, muchos de ellos de la Escuela Tomás Cabrera. “Con el tiempo y la experiencia afinamos el ojo y seleccionamos lo que visualmente pueda captar la atención del público. Para quien no entra a los museos, la galería es una posibilidad de mostrar a partir de un paseo público”. Y considera que “la inversión en arte no es una línea fuerte en Salta. Aquí, la gente compra porque le gusta la obra, simplemente. Este mes exponemos pintura europea del año 45”.

En Fedro

Nació en 2001 como Galería Arte Fedro, y ahora solo es Fedro porque la actividad se diversificó. Roly Arias y su esposa, María Laura Buccianti, abrieron su propia casa, en Alberdi 1034, para exponer trabajos artísticos, dar charlas sobre estética, recitales musicales y de poesía y hasta desarrollaron una línea editorial con la que ya sacaron tres libros. “Salta 1930-1960. Investigación sobre el crecimiento artístico de Salta”, de Luna de la Cruz; “Cuestión de imágenes” de Hernán Ulm, y una recopilación en “Pintura contemporánea salteña-12 muestras de autores varios”. Tras una charla de un especialista francés sobre pintura contemporánea, en octubre llegará la muestra de la pintora salteña residente en Neuquén, Juliana García.

Para visitar Fedro solo es necesario llamar previamente al 423-5884, porque la particularidad de este espacio es apreciar el arte desde la interrelación con los artistas y la comunicación directa.

Espacio de Laura Asaro

El más reciente es el Espacio-Taller de Laura Asaro, en Apolinario Saravia 3 (España y Las Heras), que inauguró hace unos días. La artista define al lugar como “una usina de proyectos, porque no solo de pintar se trata sino también de avanzar con Arterama”, explica sobre el proyecto que tiene junto a otros artistas con el que recorren la provincia para acercar el aprendizaje del arte a los chicos.

“Entiendo que el arte es mucho más que un cuadro en una pared. El arte moviliza, emociona, inspira, sana, salva y une. Eso puede y debe ocurrir en todas partes. Y llevo ese concepto al extremo”, afirma. Su idea es, además, exponer obras de colegas que quieran compartir el espacio. “Me interesa el público en general, porque el arte tiene que cumplir una función social, debe estar en la vida cotidiana y por eso muestro el proceso creativo mientras la gente está en el taller, para demostrar, además, que todos podemos hacerlo”.

Para Laura, hablar de espacio-taller rompe el prejuicio de que el arte es para quienes tienen poder adquisitivo. “Para el artista es parte de su vida. Hacer una obra implica muchas horas de trabajo, perseverancia, esfuerzo. Cada día me reinvento y encuentro la forma de comunicarme. Y cuando alguien quiere tener tu obra en su casa, es altamente gratificante”.

 

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