Durante un viaje por Chile, en la región de Copiapó, Pierre Herröuet tuvo su primer contacto con las cocinas solares. En aquel momento se encontraba en medio su viaje para dar la vuelta al mundo.
El proyecto estaba destinado a jubilados, y aprendió a construirlas en todas las formas posibles. "El uso de la energía solar en la cocina fue para mi todo un descubrimiento y sembró en mi la idea de generar alternativas", recordó Pierre.
Años después, luego de que los caminos de la vida lo trajeran a Salta y lo llevaran a formar su vida junto a Josefina Ferrato, aquel aprendizaje de Chile daría vuelta su vida.
Cuando Dulce, la hija de Pierre y Josefina tenía 6 meses de vida, la familia viaja a la zona de la Puna. Allí Pierre toma contacto por primera vez con la cocción de alimentos con leña. "Como familia y como papá, me tocó ver a los pequeños - apenas un poco más grandes que mi Dulce- de cuclillas soplando el fuego, respirando humo y con los ojos llorosos. Ahí la vida me hizo un click", cuenta Pierre.
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Si bien este hombre nació en una familia común, tan común como cualquier otra, reconoce que tuvo otras posibilidades. "¿Cómo puede ser que habiendo nacido en un lugar con otras posibilidades de vida, veo esta situación y no hago nada", se vuelve a autopreguntar frente a El Tribuno.
Hacer algo, ayudar y dar una mejor calidad de vida a estos pequeños, fueron los objetivos que llevaron a Pierre a recordar aquello que aprendió en Copiapó: las cocinas solares. Así el proyecto se hizo realidad y se dictó por primera vez para 10 familias.
Desde un primer momento, tanto Pierre como Josefina tuvieron claro que el objetivo era lograr que cada uno de los que tenga la cocina solar, valore el esfuerzo del trabajo y reconozca cuáles son los beneficios que esto trajo a sus vidas.
Así nació el taller de autoconstrucción de la cocina solar, donde el protagonista principal es aquel que se beneficiará con la cocina.
El primer taller se dictó en las Salinas Grandes. "Es un lugar donde la vegetación es escasa, no hay servicio de gas, no hay nada, solo el sol", describe.
La primera experiencia se dictó para 10 familias y se concretó con los recursos de Pierre y Josefina. "En el segundo día es cuando se pone en práctica la cocina. Recuerdo que durante la demostración llegó el delegado de otro poblado con un listado de 80 familias que querían hacer el taller", cuenta.
Mientras sigue el relato, pareciera que Pierre ve todavía en sus manos el listado con la firma y nombres de aquellas 80 familias que pedían su ayuda. "En aquel momento nosotros éramos solo una familia, no teníamos los recursos y pensamos en cómo y qué hacer para generar recursos. Ahí nace Solar Inti, en ese momento", dice Pierre.
Para formar y trabajar a través de Solar Inti, Pierre tomó contacto con sus conocidos en Francia, otros más de Argentina, se crea la figura del padrino y voluntarios. Desde los municipios se logra contar con el apoyo del transporte y se advierte a las familias que ellos también deberán aportar para la construcción de su cocina. "Todo esto forma Solar Inti.
Esto no es una agrupación cerrada. Somos una comunidad en movimiento", describe. El origen del nombre derivó de cocinas solares. Sol, de la estrella que brinda la energía; Ar de Argentina; e Inti por el sol de la comunidad originaria.
Hasta el momento, Solar Inti ya ayudó a construir 3 mil cocinas solares en las comunidades de Salinas Grandes, Santa Rosa de los Pastos Grandes, Nazareno, Guachipas, La Viña, Animaná y San Carlos. En Jujuy también se trabajó en Humahuaca, San Roque, Churcal, San Pedro de Jujuy, Santa Clara, El Ramal, Tilcara, Huquía y El Fuerte.
El próximo año Solar Inti ya proyecta viajar a la zona de Rivadavia Banda Sur, Morillo y Dragones. "En esta zona la gente vive en condiciones muy extremas y esperamos poder visitar a por lo menos 7 pueblos", detalló Pierre.
Nueva organización
Ante el crecimiento de los pedidos, Solar Inti creó las denominadas unidades colaborativas. Se trata de personas que ya hicieron el taller y ahora lo enseñan y otras que trabajan en empresas y que donan parte de su tiempo como colaboradores del proyecto.
La mayor parte del proceso de fabricación de las partes de las cocinas ya está en manos de terceros. "Delegamos ciertas tareas del proceso a talleres, como el corte de la madera. Hasta que se juntan las piezas para hacer el taller. De esta forma creo que estamos generando también una economía local", describe Pierre.
Pierre Herröuet resolvió comenzar con la construcción de las cocinas solares en 2008. El grupo con el que trabajó construyó 40 cocinas y se instalaron en las Salinas Grandes.
Este francés enamorado de Salta reconoce que fue el mensaje boca a boca, el que hizo que las cocinas solares comenzaran a ser distribuidas. En 2009 se dictaron varios cursos y se construyeron 261 unidades. En 2010, fueron 460 y en 2011 sobrepasamos las 500 cocinas. Desde aquellos primeros pasos hasta la actualidad, Solar Inti ya concretó la construcción de 3.000 cocinas solares.
La construcción del kit para el armado de las cocinas en el 2008 se hacía de lunes a viernes, mientras que los fines de semana, recorría los distintos puntos de la provincia, dictando los cursos a las familias que así lo requerían.
El taller
Todas aquellas organizaciones sociales o vecinos que consideren que las cocinas solares pueden mejorar su calidad de vida se pueden dirigir al Facebook de Solar Inti y dejar un mensaje para ser contactados.
Durante los talleres con las familias, se entrega un kit con pegamento, herramientas y los cortes de madera y metal que permiten construir el horno y su pantalla. Los talleres son por lo general de dos días para construir el horno y aprender a usarlo.
Antes de comenzar el curso, se realiza un encuentro con las familias de la zona. El objetivo es determinar cuál es el tipo de combustible que usan para la cocción de sus alimentos. También se releva el número de integrantes de la familia y cuáles serían los beneficios que traería el horno solar.
Durante su recorrido por las distintas localidades de Salta, sobre todo en las de la zona de la Puna, Pierre fue conociendo la provincia desde su interior y a través de sus necesidades.
"Muchos de los usuarios de estos hornos rescataron su alto nivel de ahorro de energías como el gas. Para la realización de mermeladas, se utiliza el fuego de la hornalla al menos por cuatro horas, mientras que en la cocina solar no se genera este gasto", contó.
La vuelta al mundo felizmente truncada
Pierre nació en un pueblo llamado Marsac sur Don, en la zona noroeste de Francia, con una población de 1.200 habitantes. "Es un pueblo como Cachi", recuerda, mientras busca las semejanzas entre su tierra natal y su tierra de adopción. Sus abuelos y sus padres fueron cocineros. "Y si lo pensamos más profundo veo que sigo vinculado a la cocina, a mis orígenes pero desde otro lugar", piensa en voz alta.
Durante su niñez, trabajaba de ayudante de cocina en el restaurante de sus padres. "Como todos, también pasamos momentos muy difíciles, pero lo importante era estar juntos", reflexionó sin darse cuenta que cruzó medio mundo para encontrarse con familias que también necesitaban de una mano.
Durante su juventud, cursó y finalizó dos carreras universitarias en forma paralela. Pierre es biólogo e ingeniero agrónomo. "Tengo estos dos diplomas en el bolsillo para el futuro", advierte. Y es que los cambios en su vida fueron una constante desde su juventud y con la experiencia adquirida sabe que todos los caminos pueden cambiar la dirección en cualquier momento. Mientras transitaba su juventud Pierre consiguió trabajo dentro de la Unión Europea como auditor en zonas rurales. Durante cinco años trabajó sin descanso, hasta que decidió que era el momento de viajar. Salió de Francia a los 28 años, con un pasaje de regreso desde cualquier lugar del mundo que tenía una duración de un año. "Mi primer destino fue Rusia", recordó. Pero a Rusia le siguió Mongolia, China, Corea del Sur, Japón, Vietnam, Camboya, Tailandia, Nueva Zelanda, Chile y Finalmente Argentina.
Durante este recorrido, Pierre se comunicó a través del idioma esperanto, y sobrevivió realizando varios trabajos. Durante su viaje por Japón, se cumplió su primer año fuera de Francia, y su pasaje de regreso se venció. Sin dudarlo, siguió viaje, "sin salvavidas", como el mismo lo definió. En Nueva Zelanda cruzó el Pacífico y llegó a Chile. "En mi cabeza el boceto de mi viaje era llegar a Chile y luego seguir hacia hasta Alaska. Argentina nunca estuvo en mis planes", dice. El Tribuno no dudó en preguntar: ¿qué pasó? Con simpatía Pierre no duda en autopreguntarse ¿qué pasó, no?. En San Pedro de Atacama, un cartel que indicaba Salta fue el gran culpable.

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