La zona del lago es la menos vistosa

Mirando las cosas desde la entrada principal del parque hacia adentro, en el ala derecha -justo donde están el puesto policial, una enfermería y una ambulancia del Samec- se puede ver que del lado de afuera hay una larga fila de personas y algunas carpas con forma de iglú.

"Venimos a visitar a nuestros familiares que están presos, y algunos traen carpa porque viajan desde el interior y esperan días para entrar", aclara alguien desde el otro lado del alambrado, afuera de las aproximadamente 80 hectáreas del espacio verde.

En el ingreso, una fuente de agua a pleno impulso vuelve pintoresco un estacionamiento que originalmente estaba pensado para unos mil autos y que luego se moderó en un objetivo más modesto (dar lugar a 350 vehículos). Sin embargo, no tiene capacidad para más de un centenar. El punto positivo es que las obras viales en torno al enrejado sitio de esparcimiento volvieron más expeditivos los ingresos y las salidas.

Los molinetes dactilares del ingreso son un tema aparte: tiempo antes de inaugurarse el parque se informó que el sistema costaría unos dos millones, sin embargo hasta el momento no está plenamente en funcionamiento.

Toman las huellas digitales, pero se limitan al conteo de ingresantes y no sirven para la identificación personalizada que el Gobierno anunció como una forma de garantizar seguridad.

Actualmente, de los cinco molinetes para ingresar hay uno fuera de funcionamiento, y de los cinco para salir ninguno está habilitado, siquiera para el conteo.

A pocos metros de ingresar, hay una fuente que debiera ser de agua, pero está vacía. Es una de las tres que tiene el parque, la única que no está activa.

El 16 de abril del año pasado, la Unidad de Parques contrató a Diego Nicolás Ruiz de los Llanos para que, de manera tercerizada, se haga cargo de la limpieza y mantenimiento de tres fuentes, incluyendo cepillado mensual de aguas danzantes tres veces por semana. Tal servicio, cumplido parcialmente como se nota al caminar diez metros, implica un pago de 12 mil pesos mensuales.

Por estos días, se está construyendo una especie de estrecho anfiteatro (plataforma techada de 2 x 4 metros), con un piso de unos 5 x15 metros al descubierto y dos reflectores.

Hace dos meses se instaló un vivero de plantas nativas que formaba parte del plan maestro de Thays.

Un sendero de incipientes árboles de no menos de un año custodia la travesía hasta la parte posterior del parque, adonde está el lago. Un archipiélago a escala muy inferior se nutre de una variedad de aves desoladora: dos patos de porte pequeño (que bien podrían pasar por ornitorrincos), un puñado de teros y muchas palomas.

 

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