La pandemia por el nuevo coronavirus trajo consigo muchas cosas que es posible que perduren aun después de ella.

Uno de los aspectos que cambió la postal cotidiana de la ciudad a partir de marzo fue el aumento de bicis en las calles.

Por necesidad, por temor a los contagios o hasta por moda, muchos salteños se volcaron a las dos ruedas en los últimos meses.

Bicicleteros consultados por El Tribuno aseguraron que aumentó la consulta y la demanda de clientes para reparar bicis viejas. Algunos admitieron que los últimos meses se duplicó la cantidad de trabajo y deben dar turnos para dar abasto con los pedidos.

En las bicicleterías de barrio y en los locales del centro se forman colas de decenas de personas con o sin bicis para buscar repuestos o encargar arreglos para sus vehículos.

De acuerdo con las posibilidades de cada bolsillo, las opciones van desde comprar modelos nuevos o usados hasta refaccionar bicis herrumbradas y abandonadas en el fondo del patio.

Para los bicicleteros, esto se convirtió en una oportunidad para mantener o evitar que bajen mucho los ingresos que tenían antes de la pandemia, en un contexto en el que la mayoría de los comercios vieron menguadas las ventas.

Bicis refaccionadas

"Por la parte económica, sufre mucho el bolsillo hoy. La gente vuelve a las bicicletas, que es algo más accesible que una moto o un auto. Al colectivo no puede subir cualquiera sin permiso", analizó Carlos Rafael Sarmiento, quien tiene una bicicletería y repuestera en Limache.

Antes de la pandemia trabajaba mucho con motos y bicis. Ahora recibe sobre todo consultas por bicicletas y algunos días más que otros.

Para ayudarse y generar ingresos, en un momento en que la mayoría de los bolsillos andan flacos, empezó a reacondicionar bicicletas para vender para el Día del Niño.

Las bicis infantiles reacondicionadas e impecables cuestan alrededor de 3.500 pesos, mientras una nueva ronda los 9 mil. Las bicis nuevas más caras, que son todo terreno, cuestan alrededor de 12.500 pesos.

Un cliente que llegó a su negocio para inflar las ruedas comentó que se compró una bici usada para trasladarse desde su casa, en Villa Palacios, hasta su lugar de trabajo, en el Bancario. El temor a contraer el virus en el colectivo lo llevó a decidirse por las dos ruedas.

Cola para pedir arreglos

Raúl Daniel Chalabe tiene una bicicletería en el Intersindical y la atiende con sus dos hijos. La primera semana de la pandemia el trabajo cayó un 70 por ciento, pero después aumentó de una manera que no vio nunca. "En 50 años, jamás vi hacer cola para dejarme trabajo", confesó y estimó que pudo haberse duplicado la demanda.

En su local tiene varios velocípedos para arreglar y reconoció que hay algunos encargos demorados por falta de tiempo. Otro de los problemas que tiene es la falta de repuestos.

El fuerte de su negocio es la reparación y la gente busca recuperar bicis viejas, algunas de las cuales estuvieron paradas durante años. El costo de arreglar una bici vieja en su taller es de unos 6 mil pesos y toma una semana de trabajo.

Mientras atendía a El Tribuno dos personas se acercaron para comprar repuestos o pedir arreglos. "Me gustaría que mi viejo viera la cantidad de trabajo que tenemos", expresó emocionado, ya que compartía con él su oficio.

Furor por las dos ruedas

Los locales de venta y reparación de bicicletas en el centro ayer tenían colas de hasta 15 personas esperando para entrar.

Vendedores confesaron que reciben más consultas que antes, aunque la venta de modelos nuevos se mantiene igual que antes de la pandemia. "La bici es un transporte más económico y más seguro, para no tener que subirse al colectivo", evaluó una de las comerciantes.

En el estacionamiento que colocó la Municipalidad en la esquina de Alvarado al 800, ayer había seis bicis atadas.

 

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