Las elecciones primarias consumaron el desmantelamiento del sistema de poder establecido a fines de 2019. La elección tensó la contradicción entre la institución presidencial y la jefatura de la fracción mayoritaria de la coalición oficialista. La señora de Kirchner fue la primera en dar por colapsado ese dispositivo. Los restantes accionistas de la coalición (gobernadores, jefaturas municipales, líderes gremiales y de movimientos sociales), a menudo relegados a un segundo plano, se ven empujados por el desbarajuste del gobierno y la crisis de gobernabilidad resultante, a hacer notar su presencia y a ejercer un control de gestión más riguroso, al evidenciarse que los factores que ocupan el vértice generan un vacío de poder y amplifican los daños de la derrota, con la consecuencia posible de que esa derrota sea el inicio de una cadena de derrotas.

El gobernador de Tucumán, Juan Manzur, catapultado a la jefatura de Gabinete, actúa como mucho más que un "ministro coordinador". Manzur es expresión el protagonismo que asumen los gobernadores y los poderes territoriales.Con la reformulación en marcha, comienza a redefinirse el rumbo y así empiezan a emerger proyectos que estaban taponados por el dispositivo de poder que colapsó con la derrota en las primarias. Así, el nuevo ministro de Agricultura, Jorge Domínguez, restableció rápidamente el diálogo con las entidades del campo y presentó solemnemente el proyecto de promoción agroindustrial elaborado durante meses por el Consejo Empresario Agroindustrial.

En paralelo, la CGT es convocada a la Casa de Gobierno por el jefe de Gabinete y allí sostiene la necesidad de formular políticas de acuerdo para la gobernabilidad. El cambio de rumbo ya está en marcha. La prueba fundamental que debe superar no es principalmente revertir en estas semanas que restan hasta la elección general el resultado de las PASO. Más allá de los resultados del 14 de noviembre, para el peronismo el 15 empieza una nueva etapa. Encararla requiere un contenido, una dirección firme y una base ampliada de poder. La Argentina viene hundiéndose paulatinamente, esclava de sucesivas miradas de corto plazo. Es imprescindible extender la perspectiva y atreverse al futuro. El peronismo no puede permanecer sin reacción ante el drama de la pobreza y la marginalidad, ni puede limitarse a repetir la ya agotada fórmula asistencialista. Se trata -como ya lo proclaman virtualmente todos los sectores- de cambiar subsidios por empleo.

 

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