La desesperación de una madre que sacó un préstamo UVA y le pide ayuda al Presidente

Su hijo Benicio la ve llorar y va corriendo a abrazarla. Bien fuerte, sin decirle nada. Y ella lo contiene con sus dos brazos y apoya la cabeza en su hombro. Así se quedan, un rato en silencio. Romina Bravo tiene 44 años, es de La Plata, vive en Gorina, a 15 minutos del centro platense, en una casa a la que le dedicó tres años de amor, entrega e inversión. Una casa vieja, que pudo comprar a principios de 2018 con un préstamo UVA. De aquella ilusión sin límites a esta pesadilla sin consuelo, que la tiene rehén de una angustia que la oprime.

En pareja con Nicolás desde hace diez años, con dos hijos (Valentino de 14 y Benicio de 7), Romina, cansada de tantos alquileres frustrantes y mudanzas agotadoras, fue la impulsora de pedir un préstamo UVA en el banco donde trabajó más de 20 años y donde se desempeñaba como ejecutiva de cuentas select, un alto cargo. El préstamo fue de 2 millones de pesos a pagar en 20 años con una cuota de 20 mil pesos. "Del banco me echaron en 2019 por una reestructuración y hoy debo 10 millones de pesos y pago una cuota de 80 mil pesos". Escucharse la quiebra, la vuelve frágil.

"Compramos una casa vieja, en mal estado pero nos propusimos rearmarla para la familia, poniendo muchos miles de pesos porque desde que nos metimos en este crédito nos imaginamos aquí siendo viejitos. Pero apenas pasaron tres años y me descompensé cuando el chico de la inmobiliaria puso el cartel de venta... Pobre pibe, no entendía nada. Mi marido es empleado administrativo y yo tengo un puesto de ordenanza en la tesorería de la Corte de Justicia por el que me pagan 30 mil pesos. No nos dan los números, es imposible, con dos hijos escolarizados".

"O comemos o pagamos la casa, ¿qué hago, qué hacemos?". No para de melonear Romina, que busca una puerta en una callejón sin salida. "Vengo durmiendo casi nada, estoy desvelada, con un acelere insoportable, pero anteanoche en la cama tuve una idea y salté con una mezcla de esperanza e ingenuidad. Pensé en Alberto Fernández que está aislado con Covid, quizás tenga más tiempo el Presidente para recordar las promesas en campaña. Porque tanto Alberto, como Cristina Kirchner y Axel Kicillof prometieron solucionar la estada de las que somos víctimas los que pedimos préstamos UVA".

"Señor Presidente @alferdez. Me llamo Romina Bravo. Soy hipotecada UVA. Honestamente estoy desesperada, me quedé sin trabajo en noviembre del 2019 del Banco Santander. Fueron 22 años de trabajo y con mis ahorros y el préstamo compramos una casa vieja . Vivíamos mudándonos. Le pido AYUDA", fue el primer tuit. "Quería algo breve, no político, sólo arrobarlo a él y mencionarle los UVA, quizás hacía memoria y se acordaba de sus promesas", dice.

"No puedo más, lamentablemente puse en venta mi casa. No puedo pagar una cuota de 80.000 pesos mensuales y (deber) un capital de casi 10 millones de pesos. Juro que quiero pagar. Pero necesito su ayuda. Necesitamos su ayuda. Por favor. Me quedo en la nada y con dos hijos. Se lo suplico @alferdez". En el segundo tuit "quise ser puntual y decirle con datos lo que me está pasando", explica Romina, cuya cuenta de Twitter, elocuente, es @RoUvaEstafa.

Romina es hoy la vocera de 105.000 familias que pidieron préstamos UVA en todo el país y están atravesando distintas contingencias. "Nosotros queremos pagar algo razonable, como nos prometieron cuando nos vendieron estos créditos. No puede ser que pague casi 80 mil pesos por mes, que en La Plata ni siquiera vale el alquiler de una casa quinta con pileta y jacuzzi. Pedí dos millones y debo cinco veces más. ¿Por qué la política nos hace esto, por qué los políticos enferman a la gente con sus malas decisiones? Que quede claro: yo quiero pagar, pero no esta usura".

"Tengo la esperanza de que el presidente Alberto Fernández me lea, o alguien se lo comente. Yo lo voté a él porque se comprometió con las más de cien mil familias que pedimos estos préstamos y no puedo creer que se nos rían en la cara y nos mientan. Un ministro de este gobierno, al que no voy a mencionar, nos dijo sin pelos en la lengua al colectivo de endeudados UVA: 'En la campaña electoral los políticos mentimos'. Así como la Argentina le pide al FMI que les refinancie la deuda, nosotros pedimos que los bancos nos refinancien nuestra deuda y no que hagan la fácil y nos extiendan el plazo de 20 a 30 años, porque es peor".

Cada tarde que Romina vuelve del trabajo ve el cartel en el frente de su casa y no lo puede creer. "Los vecinos, que saben cómo trabajamos por estas paredes, se han acercado y tampoco podían creerlo. Hace dos semanas que está en venta y no recibimos ni un llamado. No sé qué va a pasar, pero si la vendemos, pagaremos la deuda y volveremos a alquilar". Intenta contenerse pero llora.

Vuelve Benicio y la escena se repite, aunque esta vez ella le dice que está bien. "No sería empezar de cero, porque ya no tenemos ahorros, yo perdí mi trabajo, el panorama es un espanto, sería como arrancar enterrados en un pozo", grafica.

 

Es un cóctel explosivo, mezcla de bronca, amargura, impotencia y desilusión. "Si pudiera me iría a la miércoles de este país, es inviable por donde se lo mire, no te da respiro. Con mi marido, con descendencia italiana, tenemos decidido hacerles la ciudadanía a nuestros hijos, es lo mínimo que les podemos dar para que no vivan las angustias por las que pasamos nosotros. Acá pagan los platos rotos los que nos arremangamos, madrugamos y vamos a laburar. Y siempre somos los ciudadanos los culpables por creer en las promesas de estos políticos".

Romina repasa una y otra vez las palabras de Fernández en campaña: "'Yo los voy a ayudar con los UVA, que son una estafa del gobierno de Macri', remarca. Y sé que vino la pandemia y son muchos los frentes que debe tener, pero las promesas se cumplen y además nosotros somos más de cien mil familias y muchos se han enfermado gravemente por sostener la casa a como sea. Yo decidí ponerla a la venta contrariada, pero no me quiero enfermar, tengo dos hijos y un marido que me necesitan".

Comparte una planilla de Excel en la que se advierte cómo fue aumentando la cuotas del préstamo que empezó a pagar a principios de 2018. "Arrancamos con 20 mil pesos, pero en diciembre de 2018 ya estábamos pagando 29.900; en diciembre de 2019, 45.000 y en marzo de 2020 ya estaba casi en 50.000. Esa fue la última cuota que abonamos porque nos acogimos al DNU de diferimiento que termina en este mes de abril y ya deberíamos arrancar pagando casi 80.000 pesos".

Desmoronada, confiesa que escucha lo que sucede con otras familias endeudadas. "Se enferman, enloquecen, se pelean a muerte, se divorcian, y uno u otra queda solo con este tsunami. Yo no quiero eso en mi familia. Estamos juntos con Nicolás, todavía sanos... A veces peleamos mal, él me recrimina por haber impulsado la idea de pedir el préstamo... ¡¿Qué puedo hacer, qué culpa tengo?! Yo lo pedí con la tranquilidad de tener un trabajo que me respaldaba, sin imaginar que lo perdería un año después por una reestructuración". Se agarra la cabeza, se frota los ojos.

"Solo quiero decirle a Alberto Fernández que creí fuertemente en su palabra, en su mirada y le pido que nos escuche, aunque sea que nos responda que no, pero que no haga como que no existimos. Somos ciudadanos argentinos, nos merecemos una respuesta, no pedimos planes, somos trabajadores que fuimos víctimas de una inflación que no generamos. Por favor, somos gente común, de clase media, que no queremos que nos pisoteen más. Espero que el presidente sea empático, escuche y accione".

Está exhausta Romina después de un largo día de trabajo. Dice que es muy, pero muy, apegada a las paredes, pero más a la salud de ella y de su familia. "Es una situación horrible tener que vender el sueño al que pudiste llegar, es muy desesperante porque hemos dejado casi todo por levantar esta casa que tanto queremos. Esperamos una respuesta, acá estamos gritando a los cuatro vientos... A la clase media nos cuesta salir a la calle, marchar, cortar calles o quemar gomas. Que no suene despectivo, pero nuestra cabeza no está seteada para esas cosas que sirven mucho, pero nos cuesta encarar".

Fuente: Clarín

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