“Podemos convertir en poesía una caminata”

Nos encontramos con Marcelo Sutti en el Portezuelo, en febrero de este año. El Teuco Castilla y otros poetas inauguraban entonces un Bosque de la Poesía en la ciudad. Y en abril El Tribuno lo convocó para que nos contara sobre la Orquesta Sinfónica de Salta. Pajarito Sutti fue contrabajista de la Orquesta desde sus inicios en 2001 hasta hace dos años, cuando se jubiló. 
“Me decías que me tenías más como poeta que como músico, ¿o al revés?”, pregunta una vez que establecimos de nuevo contacto para esta nota. El poeta y músico compartió con nosotros parte de su mundo y su mirada sobre el panorama artístico de la provincia.

Sí, te tenía más como poeta, y tocaste en la Orquesta Sinfónica...
Esa fue mi tarea hasta jubilarme hace dos años, aunque sigo en contacto con mis compañeros, respetando las restricciones ahora; fue un maravilloso trabajo. Vivir de la escritura, desde lo económico al menos para mí, es imposible. Vivir en poesía, eso sí.
 

Estuviste desde el principio...
Entré con el primer grupo de salteños. En el 2001 fue el primer concierto, los concursos fueron antes y fueron muy exigentes. Nos tuvimos que adaptar al nivel que proponían los encargados de formar la orquesta, así que había que ponerse a tono. Fuimos unos diez, si mal no recuerdo, sobre un total de cien integrantes, en su mayoría extranjeros o de otras provincias con mayores posibilidades de progreso musical en aquellos tiempos.
 

¿Dónde estudiaste? 
Soy contrabajista, comencé mis estudios en la Escuela Superior de Música de Salta. A poco de empezar, tuve que buscar apoyo fuera de la provincia, ya que específicamente mi instrumento no contaba en aquel momento con profesores avanzados. Viajé a Mendoza y a Buenos Aires, becado por la Fundación del Banco Noroeste. Luego estudié unos meses en Palermo, Italia. 

Ahora eso no pasa... me refiero a que ya no es necesario irse para estudiar...
Eso es significativo, actualmente hay muy buena formación en Salta, y hay que resaltar el rol social de la Orquesta. A veces se juzgan únicamente los conciertos, ser integrante de la Sinfónica implica mucho más, cada profesor estudia durante la semana la obra elegida para ofrecer al público. La carrera de artista no tiene fin y la música no escapa a esa rutina. 
 

¿Cómo fue el encuentro con músicos de todo el mundo?
Muchos llegaban sin hablar el idioma y había que ayudarlos a integrarse al medio, a sentirse bienvenidos, abrirles puertas. Hay quienes eligieron Salta y ya tienen su familia acá. Hubo otros que no se adaptaron. El músico de afuera venía ya formado... gente de Ucrania, de Estados Unidos, de Rusia, de Suecia y ni hablar de otras provincias argentinas. Gente con mucho nivel, en su mayoría con la experiencia de haber integrado orquestas sinfónicas de renombre. Y esto, que quede claro, lo digo sin subestimar absolutamente a los músicos de Salta anteriores a la formación de la sinfónica. Me gusta resaltar que la Orquesta triunfa y se mantiene entre nosotros gracias al trabajo de músicos que abrieron el camino, permitiendo a los salteños disfrutar de la música clásica en vivo. Cuando llega la Sinfonía, había un público que la esperaba. Hay lugares del país donde se intentó crear una orquesta similar y creo que por no haber tenido el pasado musical que Salta tuvo, fracasaron. Debo mencionar también al primer director, al maestro Felipe Izcaray, quien supo darle a la Sinfónica un verdadero sentido de pertenencia. Estoy convencido de que los músicos anteriores a la Sinfónica fueron fundamentales para que la Orquesta cumpla 20 años.
 

¿Qué grupos mencionarías como formadores de oyentes?
Anterior a la Orquesta de Cámara Municipal, fundada por mi padre, José Alberto Sutti, en 1968, había habido ya una formación, pero desconozco sus orígenes e integrantes. Cabe mencionar también a la Orquesta Estable de la Provincia, dirigida por el maestro Antonio Montero, la Orquesta Juvenil de Salta, dirigida por el maestro José Aguirre... y tantos grupos que siguieron trabajando a la par de la Sinfónica. Perdón si se me escapa alguno, sé que cada aporte fue importante y necesario para nuestro crecimiento. Ese trabajo anterior debe valorarse mucho.

¿Cómo ves el panorama musical hoy?
Es necesario apoyar más que nunca a la Sinfónica, por un motivo fundamental: la Orquesta forma jóvenes. Salta cuenta hoy con diversas orquestas juveniles, la Universidad Católica tiene una carrera de música, grupos de cámara, clases particulares, la Escuela Superior de Música, con algunos integrantes de la Sinfónica como profesores. Lo que hoy pasa en Salta va más allá de los conciertos de la Orquesta, que son magníficos, una jerarquía para nuestra provincia... El trabajo de cada uno de los profesores hace que Salta tenga hoy una muy buena formación musical y que los chicos no tengan que migrar para concretar sus vocaciones. Quiero resaltar también los didácticos para miles de estudiantes de toda edad, las giras por el interior de la provincia y países limítrofes hoy, por supuesto, postergadas. Cada una de esas propuestas hace de la Sinfónica un organismo necesario que nos debe enorgullecer.

Hablemos del poeta, ¿a qué edad publicaste?
Uno tiende a arrepentirse de los primeros libros, pero no es mi caso. Respeto absolutamente todo lo que pude haber dicho, porque responde a ese momento particular, arrepentirse ya no cabe. Publiqué a los 22 años “Desde entre las espinas”. Después seguí como pude, a veces con ediciones pagas, algunas otras editadas por la municipalidad o la provincia y otras son ediciones de autor. Editar un libro impone un alto costo económico, y es complicada también la difusión de un libro si uno carece de editoriales que se encarguen. Igualmente, con el correr de los años, llevo editados varios libros. Todos de poesía. 

En la Feria del Libro presentaste un audiolibro...
Fue una iniciativa del Negro Norberto Ramírez que tiene la página de internet Sonidos de Salta. Allí refleja entrevistas increíbles, poetas que ya no están y dejaron su voz grabada. Conversando con el Negro, le comento que tenía un libro terminado, “La memoria de los objetos”, y le atrajo el nombre. Un día nos juntamos en mi casa, donde guardo muchos objetos que me acompañan en la vida, antiguos, restaurados y rotos también, cada uno incluye algún recuerdo, y me dijo “hagamos algo juntos”... Y ahí surgió la idea de hacer fotografías de los objetos. El libro tiene 41 poemas y 41 fotografías del Negro. Es una experiencia muy linda y muy actual el audiolibro.

¿Qué es la poesía?
Pregunta tremenda, porque es la que todos nos hacemosày uno sigue buscando respuestas. En algún momento -quedó plasmado en alguna pared- el movimiento Acción Poética me pidió unas pocas palabras, y propuse: “Poesía: coser con hilos de uno mismo”. Ese concepto, aunque básico, intenta definir lo que significa para el poeta decir algo que llega desde adentro. En realidad, poesía es todo lo que nos rodea, hay que darle entidad suficiente a cada cosa para que nos conmueva. Tenemos que intentar vivir desde lo profundo lo que a veces pasa inadvertido. Uno camina por la cuadra de siempre, pensando tal vez en lo que tiene que hacer y pasa por su lado el color de un árbol, un perfume, hojas cayendo, el reflejo de una nube en un charco de agua, y todo por estar absortos en otras necesidades. Los seres humanos podemos convertir en poesía esa caminata. No hay una respuesta. El poeta, en sí, comienza a indagar estas cuestiones que conmueven y decide un día ponerlas en palabras, y ahí llega el momento de aprender cómo hacerlo. Porque no es solamente decir lo que se nos ocurre, escribir poesía es algo muy distinto. No cualquiera que saque fotos con un celular es fotógrafo, con la poesía o con cualquier arte ocurre lo mismo. Hay que profundizar y saber que lo que uno intenta transmitir tiene un sentido estético.

Sos músico, ¿cómo lo conjugas con la poesía?
Definirse es muy difícil. Esto del arte es algo tan amplio que a veces uno elige un solo camino y resulta poco, por eso muchos artistas consagrados -no hablo de mí- escriben, pintan, componen, hacen teatro y en todo tienen una proyección y muchas veces, según su talento, éxito. Yo creo que, en mí, la música viene por herencia, como ya mencioné, mi padre, José Alberto Sutti, fue músico de profesión o sea que conviví con eso desde siempre. Ahora cómo unir la música con la poesía... lo he pensado muchas veces. La música viene de nacimiento. Cuando me inclino por la escritura me doy cuenta de que, naturalmente, desde mi primer libro incluyo versos de once sílabas, lo que termina definiendo en mí la preferencia , o la necesidad, de expresarme a través del soneto, esa tal vez sea la herencia musical... Igualmente, siento que música y poesía logran en mí el mismo cometido.
 

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