Sin ventas y con muchos curiosos, todo se complica

El olor a humo sigue siendo penetrante y el dolor de los comerciantes que perdieron todo es extremo. Entre los hierros quemados, el sol ingresa por el techo sin chapas. El paisaje parece haberse convertido en una especie de nueva "atracción turística" en la calle Ituzaingó entre San Martín y Urquiza, donde se quemó parte del Centro Comercial del Norte el jueves a la madrugada.

"Yo perdí todo. Estoy desconsolado. Mis hermanos también quedaron sin nada", dijo Ngagne, un senegalés que tiene un local de la galería donde ocurrió el incedio y que hoy estaba en la avenida San Martín tratando de encontrar un lugar donde seguir trabajando porque no se sabe cuándo reabrirá el centro comercial.

"Vendía bijouterie y ahora no tengo nada. Si bien no es material como ropa, lo mismo perdí todo, por lo que me dijeron. No me dejan entrar y yo estoy desesperado porque quiero saber cómo quedó todo. Entiendo que es muy peligroso, pero hoy estoy sin nada. No tengo ingresos y con esto quedé en la nada", agregó el hombre.

Muchos extranjeros que antes vendían en las calles habían avanzado un casillero y se establecieron en un local de la galería. Hoy no tienen ningún sustento y esperan alguna reunión con las autoridades provinciales y municipales para ver cómo pueden pasar este mal momento.

Desde Prensa de la Municipalidad informaron que funcionarios recibirán a feriantes afectados por el incendio para brindarles un espacio provisorio dentro del mercado. En tanto que funcionarios del ejecutivo municipal mantendrán un encuentro con los dueños del "Centro Comercial del Norte", desde las 18. En los encuentros están la titular del Ente de Desarrollo Económico, Guadalupe Blanco; el director de ARMSa, Alejandro Levin; y la interventora de Espacios Públicos, Susana Pontussi.

El senegalés, como tantos otros, seguía mirando sin consuelo la desgracia desde las vallas que colocó la Policía de la Provincia en la vereda del centro comercial. Tras el enrejado, se podían ver aún pedazos de las mangueras de los bomberos tirados por el piso y los restos de una balanza de la farmacia con la que arrasó el fuego. También una máquina de sacar muñecos de peluche, ropa y calzados quemados, además de cientos de hierros mirando hacia abajo como si la luz tuviera peso.

En ese páramo de desolación los salteños curiosos miran, comentan y hasta se toman autofotos con sus teléfonos inteligentes. El gentío se hace tanto que atrae a los ambulantes y hasta un cafetero en bicicleta con sus zambas a todo volumen.

"Estamos cansados de no poder vender. Un día por el incendio y otro por los curiosos que vienen a entorpecer todo", dijo uno de los comerciantes en la vereda del frente del Centro Comercial del Norte, donde por momentos hubo amontonamientos.  Si bien las llamas se apagaron los peligros y las consecuencias siguen latentes. Si la multitud se desborda hacia la calle los vehículos que pasan, con sus conductores mirando el escenario dantesco, podrían ocasionar una desgracia en cualquier momento.

Las pérdidas se siguen sumando, inclusive en los comercios que ya pudieron reabrir sus puertas. Con todo este movimiento no se puede vender. Para tener una dimensión del día a día, un alquiler de un comercio sobre la vereda del mercado San Miguel cuesta unos 80 mil pesos mensuales. Cada comercio puede vender entre 10 y 20 mil pesos en un día cercano a la fecha de pago de sueldos. Ese promedio se vino al suelo porque ahora no se vende nada.

Es por eso que desde temprano estuvo la gente de la Secretaría de Protección Ciudadana de la Municipalidad de la Ciudad de Salta con preventores dinamizando el caminar de los transeúntes. Su titular, Jorge Altamirano, le explicó a El Tribuno que están trabajando para ordenar el movimiento y evitar aglomeraciones. “Estamos haciendo un despeje de las veredas y le pedimos a la gente que circule. Algunos se bajan a la calle y eso es muy peligroso porque pasan motos y bicicletas. Tenemos que evitar accidentes”, dijo el funcionario.

En el negocio donde se cobran boletas, que quedó en medio de las dos bocas de galería por donde salía el fuego, también bajó la recaudación. Ahora todos pasan por la vereda del frente.

Rosa, que lleva más de 40 años ofreciendo en un mínimo local metálico sus ungüentos y chucherías, dijo que en estos dos días es cuando menos vendió. Lo mismo pasa con una  juguetería que quedó al lado del lugar del incendio, que no sufrió las consecuencias del fuego pero sí está sintiendo el impacto en las ventas.

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