La trapos ya no se lavan adentro

Que en Boca se reavive de vez en cuando el cabaret no es novedad, y a veces ni siquiera interesa por la rapidez en que se diluyen las críticas, pero esta vez la soberbia “riquelmaniana” de Román muestra que lo único que no se le está escapando de las manos es el mate. Y el termo, si no estaría más quemado aún.
Las frustradas llegadas del chileno Arturo Vidal, del uruguayo Edison Cavani, que solo fueron un espejismo para la hinchada xeneize, tomando en cuenta la crítica situación económica de nuestro país, las convierten en inviables para cualquier jugador que no saca la mirada de Europa. Fueron solo una mancha más tras la salida de Sebastián Battaglia en la dirección técnica y cuyo reemplazo, como Hugo Ibarra, no mostró resultados acorde al club más ganador de la historia argentina.
Así, la novela de terror siguió alimentándose con el desplante al arquero Agustín Rossi, con la necesidad de venderlo y alimentan las arcas xeneizes y con el ingreso del exmundialista “Chiquito” Romero en su “cuenta regresiva” en el fútbol profesional.
Pero la frutilla del postre fue el “desencuentro” entre al Pipa Benedetto y el peruano Zambrano, el fin de semana en el empate frente a Racing en el Cilindro de Avellaneda. Insultos, reclamos, un pómulo hinchado y escándalo que no se pudo guardar entre 4 llaves.
Llegó la doble sanción en otro momento clave, cuando otro ídolo como Carlos Tevez buscará demostrar por qué se fue del club de la Ribera.
Boca, que fue campeón este año de la Copa de la Liga, atraviesa una realidad que no invita a ilusionarse, y de no haber un giro importante en la conducción del club los meses que restan para terminar el año serán determinantes para algunos jugadores y también para la comisión directiva que preside Jorge Amor Ameal.
Ya nada es como antes y todo se sabe de inmediato. Riquelme: “Los trapos ya no se lavan adentro del vestuario”.

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